jueves, febrero 11, 2010

La ciudad de la alegría

Y los New Orleans Saints ganaron la Superbowl. 
Recuerdo que esa misma afición que el domingo se echaba a la calle para celebrar que sus Saints estaban por fin en lo más alto, hace escasos cinco o seis años acudía al Superdome con una bolsa en la cabeza para ilustrar la vergüenza que sentían respecto a su equipo. Eran la auténtica cenicienta de la NFC, el único equipo que, junto con los Lions, nunca había acudido a una Super Bowl. Tenían que soportar en su división a unos Buccaneers campeones, a unos Falcons espectaculares (con el otrora estelar Michael Vick) y a unos Panthers que, con menos de diez años de historia, ya habían sido capaces de plantarse en una gran final (aquella que perdieron ante los Patriots en Houston). 
Y luego llegó el Katrina. 
Los efectos del huracán, en agosto de 2005, destruyeron gran parte de una ciudad que todavía hoy intenta salir a flote. El Louisiana Superdome dejó de acoger football profesional para dar cobijo a los refugiados que se habían quedado sin hogar. Las imágenes de una Nueva Orleans derruída y deprimida, maltratada por la ineficacia de la adimistración Bush, daban la vuelta al mundo.
En lo deportivo, empezaba el periplo de los Saints lejos de su ciudad (en Baton Rouge mayoritariamente) y una carrera contrareloj para devolver el equipo a la ciudad. 

 Los efectos del Katrina con el Superdome de fondo

El 24 de setiembre de 2006 los Saints estaban de vuelta. Y lo hacían con el aire fresco que aportaba el joven Sean Payton en la banda, el eléctrico ex trojan Reggie Bush como referente para el futuro y un Drew Brees que todavía estaba por explotar como apuesta de futuro. En aquel partido ganaron de forma brillante a los Falcons. Daba la sensación que una fuerza se había apoderado de una franquicia que llevaba lustros jugando sin espíritu. La plantilla tenía ganas de devolver la sonrisa a la ciudad. Aunque no fuera más que fútbol americano y pese a que nada de aquello repararía tanto dolor, los Saints lo querían intentar. Aquella temporada los Saints sorprendieron a todo el mundo y llegaron a la final de la conferencia nacional. El potencial estaba ahí, sólo hacía falta un pequeño empujón para que los de la flor de lis empezaran a soñar. 
Un nuevo intento fallido la pasada temporada, un impecable potencial y la adquisición de veteranos como Darren Sharper o el Tight End Jeremy Shockey, eran argumentos más que suficientes para creer que el 2009 podía ser el año de los de Louisiana. A medida que pasaban los partidos, era cada vez más palpable que los de Sean Payton aspiraban a todo. Con un juego espectacular, millones de recursos ofensivos y una defensa capaz de infundir respeto, se plantaron en las eliminatorias por el título con un balance de 13-3. Destrozaron a los Cards en la divisional y se aferraron a su suerte ante los Vikings de Brett Favre. La grandeza de estos Saints es la confianza en sí mismos. Como espejo de una ciudad que, con todo, nunca perdió su autoestima, se plantaron en Miami porque creían en ello más que nadie. Así derrotaron a los Colts, con valentía. En fin, la gloria es para los valientes.

El entrenador en jefe de los Saints, Sean Payton, con el Vince Lombardi Trophy

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