jueves, enero 28, 2010

La justicia del espectáculo

El próximo 14 de febrero la NBA llega a la 59ª edición del AllStar Game, día en el que las rutilantes estrellas de la NBA se aglutinan para el disfrute del personal. Tras el aperitivo que proporcionarán el partido entre rookies y sophomores y los tradicionales concursos de triples y mates llegará el esperado partido entre los mejores jugadores de la liga. ¿Los mejores?. Esa es la pregunta que muchos seguidores acaban haciéndose una vez se publican los resultados definitivos de los cinco titulares de ambos equipos, votados, no lo olvidemos, por el público de todo el mundo. Si en años anteriores la controversia se centró en la ingente cantidad de votos con la que los chinos aseguraban la presencia de Yao Ming (incluso muy cerca estuvieron de conseguir llevar al mediocre Jianlian), este año, además de la puñalada al orgullo patrio que el jugadores de los Clippers Chris Kaman perpetró al considerar que Gasol no sería merecedor de participar, dos son los personajes que han centrado toda la atención: Allen Iverson (el cual ha entrado en el cinco inicial del Este) y Tracy McGrady (que no lo logró en el Oeste por un pequeño puñado de votos).




Allen Iverson, sinónimo de espectáculo

Si entráramos a valorar únicamente el merecimiento que han hecho ambos por ser de la partida la respuesta no podría ser otra que ninguno, o al menos, no los suficientes en comparación a otros jugadores que han mostrado un nivel superior al de las dos citadas estrellas. Pero aquellos que critican que el sistema de votación es injusto se olvidan de un pequeño matiz en el cual se enmarca el deporte en los Estados Unidos: el espectáculo por encima del deporte. Hecha esta consideración, que sentido tendría organizar un evento lúdico-festivo como el del AllStar en el que la competición no existe, en el que sólo importa el disfrute de todos (jugadores, asistentes al evento y espectadores en todo el mundo), sin jugadores que aseguren ese espectáculo. Y siguiendo esta lógica, no creo que nadie que haya visto el partido en años anteriores pueda negar que tanto Iverson como T-Mac lo han proporcionado y en altas dosis.
El público vota. El público decide. Esa es la realidad, y aunque pueda ser discutible, es un sistema totalmente democrático. Además, los entrenadores se encargan de conformar el resto del equipo, con lo cual el tema de los merecimientos queda compensado.
Pero lejos de pensar en merecimientos deportivos, nadie debería olvidar esa lógica del baloncesto americano en la que el espectáculo debe primar por encima del resto.

Iván Sobrino

miércoles, enero 27, 2010

Darle sentido a la Pro Bowl

El próximo domingo se inicia una nueva etapa en la historia del partido de las estrellas de la NFL. Por primera vez, el duelo anual en los mejores jugadores de la Conferencia Americana y la Conferencia Nacional se jugará una semana antes de la Superbowl. Además, el partido se trasladará desde Honolulu (ciudad que lleva albergándolo desde 1980) hasta Miami, sede de la Superbowl el domingo siguiente a la Pro Bowl.
Desde hace unos años la NFL buscaba una formula que le diera una razón de ser un partido que con el tiempo se había ido devaluando. No nos engañemos, el fútbol americano no es un deporte dado a exhibiciones de habilidad de estrellas al nivel de lo que pueden ofrecer las otras tres grandes ligas norteamericanas. En la NBA y en la NHL, por ejemplo, la ciudad que acoge el All Star disfruta de un fin de semana lleno de alicientes: concursos de habilidades, actuaciones musicales y, como no, un partido en el que las figuras de la liga se dedican a impresionar al personal con mates, piruetas varias y movimientos imposibles con el stick. En el caso de la MLB, la liga profesional de béisbol, desde hace siete años la conferencia ganadora del partido de las estrellas logra la ventaja de campo para su representante en las Series Mundiales.
¿A qué se puede agarrar el deporte del balón oval? Sabemos que la NFL no es la NBA, y que un partido de fútbol americano jugado a medio gas, no tiene los alicientes que se pueden encontrar en el baloncesto. Tampoco parece muy probable que la NFL organice concursos de habilidades para sus estrellas. Aunque podría ser una fórmula muy interesante, habría que trabajarla muy a conciencia, puesto que se trata de una idea que partiría absolutamente de cero. Y en lo relativo a la decisión (acertadísima) que tomó la MLB, no hace falta decir que sería absurda en una liga que se decide a un partido en campo neutral.


Peyton Manning y Jake Delhomme se preparan para una barbacoa-partido

Es sin duda un camino difícil el que tiene que recorrer la Pro Bowl, aunque lo que ha sucedido este año es un primer paso para convertirlo en un espectáculo más atractivo. Encuadrar dicho partido, de alguna manera, en el conjunto de los actos que rodean a la Superbowl, puede ser un acierto que devuelva a gran parte del público el interés. Incluso el hecho que se celebre en la misma sede de la Superbowl puede ayudar (pese a esto, hay que decir que el año que viene el duelo NFC-AFC se jugará de nuevo en Hawaii. Un contrato es un contrato).
Hay que partir de la base de que es imposible evitar que muchos jugadores se borren una semana antes del partido por lesiones de dudosa existencia o que los que participen no jueguen al 100%. Pero darle un giro a una propuesta cansada después de 30 años de monotonía absoluta no puede ser, de ninguna de las maneras, negativo.

martes, enero 26, 2010

Carta abierta a Brett Favre

No hay que tenerle miedo a los finales, amigo Brett. Te fuiste llorando una vez. Regresaste. Y te volviste a marchar. Pero a la segunda todos sabíamos que no ibas en serio. Y ahí estábamos nosotros, temiéndonos los peor, presentiendo una traición premeditada.
Nadie te dijo que te marcharas de aquí, tenías todo el tiempo del mundo para decidirlo. Y cuando tomaste la decisión no hacía falta nada más, ya eras el más grande. Te ibas y se quedaba tu leyenda. Pero luego vino el arrepentimiento, y lo tuviste que fastidiar todo. ¿Era eso lo que pretendías? ¿Fastidiarlo? Te sentiste herido cuando encontraste la puerta cerrada. ¿De verdad creías que te estarían esperando con los brazos abiertos? ¿Pensabas que los Packers sin Brett Favre no podían existir de ninguna manera? ¿Te ofendiste al comprovar que, sin ti, la vida continuaba? Lo hiciste. Y tu ego estaba herido porque sabías que el error sólo había sido tuyo.
Hubiera sido perfecto jugar la Superbowl con los Vikings, ¿no crees? Una bonita forma de exorcitar fantasmas.

Han pasado ya dos años. Tu último partido con los Packers. ¿Recuerdas? Llevavas el cuatro a la espalda. Aquel día perdimos en la prórroga. Lo teníamos todo a favor y la jodimos, como tantas otras veces. Y ayer te pasó exactamente lo mismo, aunque era con otros colores. Aquellos que se han amoldado a ti con la esperanza de salir de su bache histórico y eterno. Pero ahora dirás que lo de ayer tampoco fue culpa tuya, ¿no? Como tantas otras veces.

Felicidades a los Saints. Felicidades a los Colts.

jueves, enero 21, 2010

Los chicos malos van de verde



En Indianapolis hay un tipo que sabe hacer las cosas bien. Un hombre brillante pero centrado, genial pero tranquilo, magistral y a la vez tremendamente ortodoxo. Alguien que domina lo práctico y lo mágico con una solvencia pocas veces antes vista. Peyton Manning. Nada que no sepamos. El que cambia las jugadas y luego las ejecuta a la perfección. El que menos falla. El que destroza defensas con lanzamientos certeros arropados por una lectura matemática del oponente en cuestión de segundos. Y contra Peyton, los chicos malos. Recordamos a Rodney Harrison y su tropa de patriotas sacando de quicio a los Colts en la nieve de Foxboro y poniendo en bandeja el partido al también genial Brady. Recordamos a los Steelers de Cowher derrotándolos en su propia casa. Pero esos tiempos pasaron. Manning tuvo su anillo y siguió en la élite, ya sin la necesidad de probar las mieles del éxito en la Superbowl, sin el miedo a ser otro caso Marino. Ahora los Patriots se han quedado a medio camino, descafeinados, y los Steelers, otro exponente de la fría dureza, se han tomado un año de vacaciones. Los chicos malos descansan, más desde que los de Indianapolis pusieron en su sitio a Ray Lewis y compañía, hace escasamente una semana.




Pero ahora se cruza otro reto en el camino del mejor equipo de la temporada regular. Quizás la antítesis de lo que representa Indianapolis. Los Jets. Los milagrosos Jets de Nueva York que han derrotado a los Bengals, a los Chargers, a la opinión de los expertos, a la opinión de los menos expertos y hasta a su propia suerte para plantarse en el partido para el campeonato de la AFC. Los chicos malos en una nueva y desconocida versión. Las manos del sucesor de Prime Time, Darrelle Revis, como estandarte en la defensa y un juego de carrera machacón dirigido por el novato Mark Sanchez, que se ha destapado como un dominador absoluto del noble arte de no tomar riesgos innecesarios. Veremos que tal se le da esta vez a Manning este nuevo reto en la cumbre. Su segunda Superbowl le espera. Un rival de altura en la NFC le estará acompañando con sus armas afiladas. Pero primero debe enfrentarse a las trampas que le planteen estos chicos irreverentes de la Gran Manzana que visten de verde y no de azul.




Paradojas de la vida: Los Colts, con su decisión de alinear a suplentes en su duelo de temporada regular contra los Jets, regalaron prácticamente la clasificación a los de Nueva York. El domingo, Indianapolis se jugará la temporada contra el monstruo que él mismo creó.

sábado, enero 02, 2010

EN BREVE...



... SATURDAY MORNING FOOTBALL VUELVE...