El próximo 14 de febrero la NBA llega a la 59ª edición del AllStar Game, día en el que las rutilantes estrellas de la NBA se aglutinan para el disfrute del personal. Tras el aperitivo que proporcionarán el partido entre rookies y sophomores y los tradicionales concursos de triples y mates llegará el esperado partido entre los mejores jugadores de la liga. ¿Los mejores?. Esa es la pregunta que muchos seguidores acaban haciéndose una vez se publican los resultados definitivos de los cinco titulares de ambos equipos, votados, no lo olvidemos, por el público de todo el mundo. Si en años anteriores la controversia se centró en la ingente cantidad de votos con la que los chinos aseguraban la presencia de Yao Ming (incluso muy cerca estuvieron de conseguir llevar al mediocre Jianlian), este año, además de la puñalada al orgullo patrio que el jugadores de los Clippers Chris Kaman perpetró al considerar que Gasol no sería merecedor de participar, dos son los personajes que han centrado toda la atención: Allen Iverson (el cual ha entrado en el cinco inicial del Este) y Tracy McGrady (que no lo logró en el Oeste por un pequeño puñado de votos).
Allen Iverson, sinónimo de espectáculo
Si entráramos a valorar únicamente el merecimiento que han hecho ambos por ser de la partida la respuesta no podría ser otra que ninguno, o al menos, no los suficientes en comparación a otros jugadores que han mostrado un nivel superior al de las dos citadas estrellas. Pero aquellos que critican que el sistema de votación es injusto se olvidan de un pequeño matiz en el cual se enmarca el deporte en los Estados Unidos: el espectáculo por encima del deporte. Hecha esta consideración, que sentido tendría organizar un evento lúdico-festivo como el del AllStar en el que la competición no existe, en el que sólo importa el disfrute de todos (jugadores, asistentes al evento y espectadores en todo el mundo), sin jugadores que aseguren ese espectáculo. Y siguiendo esta lógica, no creo que nadie que haya visto el partido en años anteriores pueda negar que tanto Iverson como T-Mac lo han proporcionado y en altas dosis.
El público vota. El público decide. Esa es la realidad, y aunque pueda ser discutible, es un sistema totalmente democrático. Además, los entrenadores se encargan de conformar el resto del equipo, con lo cual el tema de los merecimientos queda compensado.
Pero lejos de pensar en merecimientos deportivos, nadie debería olvidar esa lógica del baloncesto americano en la que el espectáculo debe primar por encima del resto.
Iván Sobrino
